lunes, agosto 01, 2011

Como el primer día

El otro día habló mi futura ex mujer en la radio. Hablaba de nuestro viaje ̶ que esto ya no es viaje, a ver si se enteran, ¡que yo vivo así! ̶ o se suponía que iba a hablar de nuestro viaje pero en realidad hablo de otro viaje, del suyo en compañía de un tal Eduard Díez, dios lo tenga en su gloria.

La locutora, armada con una sonrisa radiofónica nada inocente, le preguntó por sus aventuras al lado del susodicho Eduard y mi todavía esposa le respondió, con toda naturalidad, que si muy bien, que si es el viaje de nuestros sueños, que si el amor sigue intacto, como el primer día.

Yo escuchaba la entrevista atónito, sin entender muy bien si la cosa iba en serio o si se trataba de una broma macabra que le estaban gastando al único oyente hondureño del programa. Confirmé la veracidad del asunto cuando las redes sociales se llenaron de quién es ese, cuándo lo conociste, qué pasó con tu novio de toda la vida, ¿por lo menos la tiene más larga? Comentarios y contracomentarios, a cuál mas graciosete, a cuál más hijo de puta, se adueñaron de mi vida digital sin dejar espacio para las recomendaciones musicales petardas, los mensajes en cadena y las fotos de porno asiático. Todo era Eduard Díez. Eduard Díez. Eduard Díez.

Por supuesto que pregunté a la madre de mis hijos qué era del tal individuo, por qué vivía yo en la penumbra, por qué lo quería como el primer día y nuestro primer día, el de ella y el mío, era el inicio de una interminable caída. Yo esperaba que pusiera las cartas sobre la mesa, que confesara su doble vida, que me pidiera perdón o que me mandara al carajo. Tenía mi respuesta preparada. Nunca fui contrario a las dobles vidas, es más, me gustan, las admiro, quiero una. Estaba dispuesto a cancelar mi cuenta de Facebook, tengo que hacerlo de todos modos, de cancelar mi cuenta de twitter. Estaba dispuesto a mirar hacia otro lado y dejar que viviera feliz la media vida que ella merece. Estaba dispuesto a todo eso a cambio, solamente, de mi ansiada libertad sexual, de la aceptación del axioma de que sexo y amor no tienen por qué ir unidos, o sexo y cariño, o sexo y rutina. Pero en vez de recibir la verdad recibí una retahíla de increíbles excusas. Que no me di cuenta, que no sabía de qué me hablaban, que se trataba de una confusión, que me equivoqué con lo del nombre. Claro, el error es comprensible, Eduard Díez tiene dos letras en común con el mío, es fácil el error.

Así que seguimos en las mismas, ella clamando por una patraña y yo con las pelotas condenadas a una sola usuaria. Aunque si ella tiene una doble vida con Eduard Díez por qué no voy a poder tenerla yo también.

Estaba, anoche, entretenido asomado a los ojos de un colega puesto de éxtasis hasta las cejas cuando se me acerco tremenda jovencita, veinte años máximo, alumna del curso vecino, culo cascanueces y pezones mirando al infinito, ávida de abandonarse a los brazos de un intrépido. ¿Tú eres instructor verdad? Te he visto hoy en el barco. Sí, soy instructor. Ya decía yo, se te nota. ¿Cómo te llamas? Y ahí me calcé la sonrisa aquella que le copié a Sean Connery. Mi nombre es Díez, Eduard Díez.

3 comentarios:

marta dijo...

En realidad, tú cómo te llamas?

Alberto dijo...

Anda que no te ha venido bien como excusa para escribir..

Alejo dijo...

Eres un crack Eduard. Escribe mas en el blog que lo tiene olvidado.