sábado, septiembre 18, 2010
Ansias (capítulo final)
Llegó el booq. Después de mi último episodio ansioso, la operación concluyó con éxito y mi padre llegó cargado con una sonrisa y el libro electrónico debajo del brazo. Pero todo lo que empieza bien acaba mal, y mi último episodio ansioso se convirtió en el inicio de mi último episodio ansioso, en el mero planteamiento. Me faltaba por vivir el nudo y el desenlace.
Booq en mano me dediqué a trastearlo, acariciarlo, besarlo, ¡cómo te quiero!, para guardarlo cuidadosamente, después, en la maleta a la espera de acabar los libros en papel (de fotocopia) que aún cargaba en la mochila. Dos semanas después, con la ilusión de leer Las aventuras de Tom Sawyer, libro que hace tiempo empecé y no acabé, pues perdí, desempaqueté de nuevo mi juguete. Lo juro que me llevé un disgusto como hacía tiempo no sufría. Ni cuando mi princesa azul se transformó en rana. Ni cuando la niña de mis ojos me dejó ciego. La pantalla del cacharro estaba rota. Yo estaba roto. Con unas ganas tremendas de llorar, pero los hombres no lloran si no es para engatusar a alguna mujer, ya saben ustedes.
Me costó rehacerme, pero me rehice. La cosa no iba a acabar ahí. Si mis ansias son míticas no es por abandonar a las primeras de cambio. A partir de entonces empezó una peregrinación virtual y física por todos los recodos del Ecuador, porque yo estaba en el Ecuador, pero por más que busqué, y busqué más de lo saludable, créanme, no encontré puñetero sitio en el país donde arreglaran ese tipo de pantallas.
Sólo quedaba una solución, enviarlo por correo a España, donde, previo pago de una suculenta cantidad, te cambian la pantalla en un santiamén. Pero enviar un cacharro delicado de la hostia, la pantalla se rompió con apena un soplido, enviar ese cacharro desde Ecuador no parecía ofrecer muchas garantías de éxito. Aún así, osado que es uno, para la oficina de correos ecuatoriana que me fui, que si me envían esto, que cuánto tardará, que póngale la pegatina de frágil que se rompe con nada, que ¿seguro que llega?, ¿y si no llega qué?, que esto vale muchos duros, oiga. Una vez entregado al funcionario de turno sólo quedaba rezar y dar con el mazo. Y, sorprendentemente, la cosa fue rodada, llegó a España en fecha prevista, lo arreglaron en fecha prevista, mi padre lo recibió de nuevo en su casa en fecha prevista. No cabía en mi de gozo, yo que no daba ni un duro por el éxito de la operación.
Ya sólo quedaba lo fácil, encontrar a alguien que lo trajera a Colombia, porque por esas fechas ya estaba en Colombia. Y así, poco tiempo después, un amiguete llegaba cargado con una sonrisa y el libro electrónico debajo del brazo. Me encanta que los planes salgan bien.
Por fin he leído Las aventuras de Tom Sawyer y me ha encantado, yo de pequeño quiero ser Huckleberry Finn. He leído Los detectives salvajes y me ha parecido colosal. Estoy leyendo Guerra y paz, y disfruto como un soldado raso ruso luchando contra Bonaparte. Tengo un montón de libros descargados esperando a ser leídos, muchos más de los que podría leer en tres vidas. Por primera vez quiero vivir muchos, muchos años, si dios me conserva la vista. La vida es bella.
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