Allí estaban aquellos dos tipos, alemanes ellos, echando pestes sobre Sudamérica y su corrupción policial. Los había conocido hacía un par de días y no me caían ni bien ni mal, simplemente nos acompañábamos para hacer más baratos los trayectos y las excursiones. Por el interés te quiero Andrés.
Me explicaban la noche antes de separarnos lo que les había ocurrido en la comisaría de Máncora. Habían acudido allí para denunciar el robo de sus cámaras de fotos y se las hicieron pasan canutas. Los policías se cebaron con ellos, les cobraron por poner la denuncia, les vacilaron mientras se bebían los refrescos que los pobres alemanes llevaban consigo, les trincaron un billete de la cartera mientras les revisaban la documentación. Como colofón, justo antes de marcharse, les dijeron que no se hicieran ilusiones, que esas denuncias nunca se resolvían. Lo podrían haber dicho antes y se ahorraban la humillación.
Los pobres teutones estaban indignados, lanzaban arengas sosteniendo que Sudamérica nunca saldría del subdesarrollo con una sistema tan corrupto, que deberían aprender de Alemania, donde esas actitudes eran impensables, que los gobiernos europeos deberían dejar de apoyar económicamente a países tan chorizos como Perú. Mientras los observaba, y a pesar de su exaltación, iba empatizando un poco con ellos, mi indiferencia hacia sus arias personas se iba tornando poco a poco en simpatía.
Joder, vaya putada, y además os habéis quedado sin cámara. Ante mi ingenua frase se miraron y esbozaron una media sonrisa. No, si las cámaras no nos las han robado, sólo hemos hecho la denuncia para cobrar el dinero del seguro. Instantáneamente pasó por mi mente, como en un flash, la imagen de los dos alemanes en la duchas de una oscura cárcel peruana, agachados recogiendo una pastilla de jabón mientras dos enormes Latin Kings los enculaban al grito de ¿te gusta, papito? A pesar de lo explícito de la imagen, lamentablemente sólo acerté a decir: mira tú si es generosa la policía peruana, os han tratado mucho mejor de lo que merecíais.
No los he visto nunca más pero como me los cruce les pienso sisar el pasaporte.

3 comentarios:
Lamentable
I a sobre despotricant els cabrons. Poc els van fer, certament.
Que fort...
Quina poca vergonya que tenien, no? Per després anar famfarronejant que a Alemanya tots són tan pulcres... oi? Aix...
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