domingo, junio 20, 2010

Mi Saramago

Lo conocí en una de aquellas largas noches de domingo de hace más de diez años, cuando me jugaba el sueño del lunes para poder ver programas tan improbables como Redes o Negro sobre blanco. En este último lo entrevistaba Sanchez Dragó que por muy facha y divo que fuera hacía un programa cojonudo. Allí, con su cara de tortuga vieja, se dedicaba a hablar de su mundo más que de su nuevo libro, como si éste no fuera más que una excusa para contarnos su visión del asunto.


Al día siguiente ya tenía La caverna entre las manos. Al principio me sorprendió el estilo, esa forma peculiar de utilizar la puntuación, casi pretenciosa, diferenciadora a posta del resto de escritores, pero cuando le cogí el ritmo a la lectura entendí que allí todo fluía, que el texto casi se leía solo. Una semana después acababa el libro con una incertidumbre, ¿qué quería decir con aquella metáfora?, y con una certeza, era de lo mejor que había leído en mi vida.

A partir de entonces me acostumbré a mi dosis semestral de Saramago. Ensayo sobre la ceguera, Ensayo sobre la lucidez, El hombre duplicado, Las intermitencias de la muerte. En cada libro se repetía el mismo patrón, poner al ser humano en una situación límite, si quieren absurda, para interpretar así su naturaleza, su forma de ser y de actuar, nuestra canalla personalidad colectiva, nuestro gran potencial individual. En el fondo de cada trama, de cada descabellada aventura, estábamos nosotros tal cual, tú y yo, desnudos y transparentes.

A través de sus libros fui entendiendo poco a poco al autor. Y aún lo entendí más cuando presté atención a sus numerosas apariciones públicas. Estaban allí para quien las quisiera escuchar, no en la primera plana, ni en la segunda, ni en la tercera, pero allí para iluminarnos con su visión optimista de un mundo pésimo, con su beligerancia contra la iglesia, el capitalismo salvaje y la izquierda perdida, con sus ocurrencias a menudo utópicas, otras veces tan simples y resolutivas que ningún gobierno se atrevería a aplicar. Así, poco a poco, se me convirtió en un referente, en mi abuelo sabio yo que no tengo abuelos, tan joven, mucho más que yo.

Saramago ha muerto y no se hablará mucho de ello. En dos días estará olvidado, no como si la hubiera palmado Lady Di, la Duquesa de Alba o Belén Esteban. Pero para eso estoy yo hoy aquí, para decir a quien lo quiera escuchar que hoy se me ha muerto alguien muy cercano. ¡Denme el pésame, carajo!

6 comentarios:

El Atún dijo...

Con lo que nos ha hecho reflexionar, el jodido, es imposible que nos olvidemos!!
Lo siento Javi.

agudoworld dijo...

Yo también lamento mucho su pérdida.
Era un auténtico fuera de serie

Alejo dijo...

Como mal lector que soy nunca he leido una novela suya. Recomiendas alguna en concreto? Aunque supongo que todas las que has nombrado. Te doy el pésame, pero siempre te quedará su obra!

Cambicio dijo...

Empieza con Ensayo sobre la ceguera o Las intermitencias de la muerte. Al principio te parecerá raro, pero si le coges el tranquillo no podrás dejar de leer.

Mariona dijo...

Por curiosidad ... el gesto de la foto de tu perfil, es por algo igualito al gesto de Saramago ? O es simple coincidencia ? Podrías ser su sucesor !!!

Cambicio dijo...

Es pura casualidad. Una coincidencia cósmica.