lunes, diciembre 14, 2009
Tropecé de viejo
Desde que dejé de trabajar, noche sí, noche también, he ido pillando turcas religiosamente, una tras otra. La excusa era despedirme de los amigos, conocidos y otros seres, no sabía que conocía a tanta gente, y qué mejor forma que remojándolo en cerveza, vino, cava, carajillo de ron, pacharán, chupito de orujo, gin tonic, Jack Daniels y otra vez cerveza.
Este agotador periplo por las tabernas se ve agravado al día siguiente, mañana sí, mañana también, por las resacas, una tras otra. Pero al fin y al cabo con las resacas ya cuentas, son inherentes a las cogorzas y ya sabes que estarán ahí cuando despiertes, no se pueden evitar. Bueno, sí se pueden evitar si no bebes... Vale, no se pueden evitar.
Lo que sí se puede evitar, y aún pudiéndose nunca evito, es sufrir, además de los rigores propios de la resaca, la tortura de la ganas de mear que te atacan en la cama cuando menos te lo esperas. Tienes dolor de cabeza, retortijones, la boca seca y encima te estás meando a lo bestia. Con este cuadro clínico es imposible dormir, y tú quieres dormir. Los males no se van a pasar hasta que descanses unas horas más, pero no puedes descansar, principalmente porque te estás meando. Pero no te levantas.
Cada mañana la misma historia, una lucha entre tu orgullo por quedarte en la cama y la vegiga que ejerce todo su poder biológico sobre tí. Una lucha sin cuartel y sin sentido, porque siempre, cada vez, después de más o menos una hora y media de lucha, acaba ganando el orín. Claudicas y te levantas al lavabo. A pesar de eso, a la mañana siguiente, la guerra se vuelve a repetir, y en vez de aprender la lección y levantarte a la primera señal de evacuación para seguir incubando la resaca, te obcecas en seguir durmiendo cuando no puedes seguir durmiendo, y vuelves a perder, por gilipollas.
La única vez que le gané la batalla al orín, que dije hasta aquí hemos llegado, abrí las compuertas y dejé que el líquido elemento fluyera a sus anchas por el colchón, olvidé que la noche anterior me había encontrado en un bar a la morena con la que coincido cada tarde en las máquinas de correr del gimnasio y que me mira de aquella manera, que la había invitado a unas copas y, como me seguía mirando de aquella manera, la había engañado para subir a mi casa. Cuandó por la mañana notó la humedad de mis aguas menores, me dio un puñetazo en la boca al grito de cerdo y se largó de mi casa cagando leches. Aún me la sigo encontrando en el gimnasio, pero ahora me mira de otra manera.
jueves, diciembre 03, 2009
En defensa de los derechos fundamentales en internet
Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:
- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red, en España ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Se ha publicado en multitud de sitios web. Si estás de acuerdo y quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.
lunes, noviembre 23, 2009
MundoCroqueta

Me levanto con una sensación de abatimiento, con la boca seca, con dolor de cabeza, con ganas de no levantarme, con ganas de llorar. Es el decimoquinto día seguido que me pasa, incluyendo fines de semana. Los achaques empezaron hace tiempo y se han ido haciendo más frecuentes hasta hoy, en que es insoportable. Claro que ayer también era insoportable. Y lo soporté.
Me arrastro hasta la oficina y el ritmo frenético me despierta de golpe. Nueve horas de presión y prisas que me deja más planchado aún. El resto del día transcurre lento, gota a gota, con la misma lenta agonía de siempre. Antes de dormir me conecto a Skype y hablo con mi mujer, de vacaciones en Argentina. Está a punto de volver y se ve llegar la depresión, ya la huele, ya la teme, y sensata como es ella me suelta un ¿por qué no lo enviamos todo a tomar por culo y nos vamos a ver mundo? Yo le suelto un ¡Vale!
Una semana después la voy a buscar a aeropuerto, sin gafas con nariz ni bombín, hasta ese punto he perdido el humor. Después de los típicos tópicos, responde con un ¿lo decías en serio? a mi ¿y ahora a preparar la vuelta al mundo, no? Nuestras miradas responden que sí, que iba en serio.
De esto hace catorce meses y la depresión se ha esfumado, la tortura cotidiana se ha esfumado, el caerme mal se ha esfumado. MundoCroqueta ha venido a ocupar su espacio. Que se jodan. MundoCroqueta es ver la vida de otra manera. MundoCroqueta es no preocuparse por el mañana. MundoCroqueta es vivir por vivir sin saber dónde vas a acabar.
¿Por qué no lo enviamos todo a tomar por culo y nos vamos a ver mundo? Acepto
¡A tomar por culo!
http://www.mundocroqueta.com/
domingo, noviembre 15, 2009
Chispas.
El primer guión, el primer rodaje, el primer montaje, la primera promo de mi viaje alrededor del mundo. ¡Esto nos separa, ésto no se para!
Viaje con nosotros from cambicio on Vimeo.
viernes, octubre 30, 2009
Pequeños placeres cotidianos
Piensas que ya ha pasado lo peor. Has conservado tu puesto en la quilométrica cola del sábado en el súper, defendiéndolo con uñas y dientes del ataque de las viejas. Has visto cómo la cajera novata mezclaba tus compras con el de delante y con el de detrás, cómo se le acababa el papel de la maquinita registradora y se pasaba media hora intentando colocar el rollo nuevo, que hasta que no ha llegado el mozo reponedor a ayudarla no ha habido manera, cómo rompía una botella de vino peleón al intentar que el chisme leyera el código de barras, cómo insistía en que mi VISA no funcionaba correctamente mientras yo intentaba explicarle que la estaba pasando al revés, cómo a media operación se ponía a charlar de cositas suyas con la cajera adyacente, que se ve que la noche anterior habían salido juntas a alguna discoteca de cajeras, cómo se olvidaba de darme el recibo de la tarjeta, que ya te lo he dado, ay no, qué tonta, que lo tengo aquí.
Piensas que ya ha pasado lo peor y entonces te dan un fajo de bolsas de plástico, de ésas que no hay manera de abrirlas, que ni con uñas, ni sin uñas, ni frotando, ni soplando. De ésas que ni David Copperfield. Y estas tu allí con el sofoco, sudando la gota gorda por el apuro, provocando atasco en la caja si es que no había ya suficiente, concentrando las miradas de las viejas a las que has negado el paso, que murmuran que esta juventud es una vergüenza, que se lo merece por no tener respeto. Y estás tu allí cada vez más rojo, más sudado, más pequeño, y va la cajera y te quita la bolsa de las manos con un trae anda, parece mentira lo torpes que sois los hombres. Y mientras pone tus cosas en las bolsas, con una facilidad que hace que parezca un juego de niños, piensas que eso no es lo peor, que lo peor es que las armas de fuego estén prohibidas en este país, que los americanos sí que lo tienen bien montado.
viernes, octubre 16, 2009
Seco
CC: lluisgerard.com
Cada vez me cuesta más escribir aquí. Y no porque no me guste, que me gusta y mucho. Tampoco porque no tenga ganas, que las tengo y muchas. Es que desde que dije aquí os quedáis que tengo la cabeza en otro sitio. Me paso el día pensando en la web del viaje, en la fiesta del viaje, en los preparativos del viaje, y no salgo de ahí. Y claro con tal enmimismamiento han dejado de pasarme cosas. O si no han dejado de pasarme han dejado de pasar a mi alrededor. O si no han dejado de pasar a mi alrededor he dejado de darme cuenta de que pasaban a mi alrededor. Y claro, si no me doy cuenta de lo que pasa a mi alrededor, o de lo que me pasa, no me puedo inventar lo que ocurre después de que pase, o de que me pase, y si ni pasa ni me pasa y no me puedo inventar lo que sigue a lo que pasa o me pasa, pues no hay historia, nada, cero. Porque claro, ahora podría hacer aparecer a una rubia de pote que se muere por mis huesos, o a un senegalés, o a una vieja haciendo el mal, pero no viene a cuento, no cuela, tiene que haber pasado algo, o haberme pasado. Y si me he animado a escribir estas cuatro rayas ha sido como coartada para poder colgar la foto de arriba, que me parece fantástica, de Lluis Gerard, que me parece fantástico. Y mira, me ha salido un ejercicio de estilo, que dicen los entendidos que ya está todo dicho, que lo que importa es el estilo. Aunque a mi lo del estilo me sale solo, el estilo chorra éste de contar chorradas sale solo, lo que no tengo ahora son chorradas que contar.
Disculpen la digresión. Lo dicho, que cada vez me cuesta más escribir aquí.
miércoles, octubre 07, 2009
LA CIENCIA EN ESPAÑA NO NECESITA TIJERAS...
Así fue como nuestra amistad llegó al siguiente nivel, al más alto, al de estar horas juntos, callados, sin hablarnos, sin necesitar hablarnos.
Quedamos en un bar. Lucas estaba hecho polvo. Según sus propias palabras: “Me han echado a la puta calle, tío. El puto gobierno ha reducido el presupuesto para I+D y ale, todos los temporales del laboratorio a la puta calle. Y yo a final de mes tendré que seguir pagándole la puta hipoteca al mismo puto banco al que el puto gobierno salvó de la puta quiebra antes del verano. Y no me digas que cobraba una mierda tío, porque ya lo sé, pero me molaba el curro, y estaba empezando a dar resultado, tío, eso sí que me jode”.
A partir de ahí una retahíla de reproches: “ni un duro para investigación y lo que haga falta para reflotar bancos chorizos, para subvencionar multinacionales inviables que se acabarán yendo a Rumania de todas formas, para luchar en guerras evangelizadoras... tocho y turismo, turismo y tocho, ¡cómo quieren que este puto país salga de la mierda!”
Tan chungo lo vi que decidí compartir con él el secreto de la felicidad. Nos citamos a la mañana siguiente, en la salida del metro de Collblanc y caminamos hacia la parada del tranvía. Ante un gran cartel del Plan E nos detuvimos. Bajo el gran plafón y enganchados a la vaya de la obra tres viejos observaban las evoluciones de los operarios. ¿Quieres decir? me preguntó Lucas con un punto de incredulidad. Confía en mi. Mira, nos han guardado sitio. Vamos, hombre, que te va a gustar.
Y así fue como nuestra amistad llegó al siguiente nivel, al más alto, al de estar horas juntos, callados, sin hablarnos, sin necesitar hablarnos, mirando las obras en mañanas interminables, dándole gracias a Zapatero por el Plan E y por el recorte del presupuesto del Ministerio de Ciencia.
sábado, octubre 03, 2009
sábado, septiembre 26, 2009
Paso de historias (de más de cinco minutos)
La última vez que la había visto fue ante una hoguera de libros de latín a la salida del instituto el último día de clase. Después del akelarre fui requerido junto con mi madre a que aclarara el incidente ante el director de la escuela, pero esa es otra historia.
La volví a ver hace unos años, por casualidad, en la cafetería de la empresa y desde entonces hemos tenido un contacto más o menos habitual. Ella habla y yo escucho. Ella es habladora y yo escuchador, así que el trato es justo. Así me he ido enterando de su vida, de su pasado como detective privado, de tu trabajo como guionista, de sus colaboraciones con alguna editorial y, finalmente, de la publicación de su primer libro. El otro día fui a la presentación. Me había prometido que me haría un guiño, una referencia, una broma cómplice de la que sólo nosotros dos fuéramos los destinatarios. Yo le pedí que me cantara una canción, pero no coló.
Me presenté, pues, en el FNAC con la doble ilusión de la charla sobre el libro y de nuestra bromita particular. Al empezar se la veía nerviosa pero enseguida se asentó y empezó a repartir su simpatía entre los asistente. Ya había llegado el turno de ruegos y preguntas y ni rastro de lo nuestro. Por fin alguien le preguntó qué había de autobiográfico en sus historias. Entonces lo hizo, ahí estaba nuestro guiño, nuestro momento privado entre la muchedumbre. Casi siempre hay algo de mí en los relatos, a veces poco y a veces son historias que me han pasado al pie de la letra, como la del primer beso, quien quiera saber cómo fue mi primer beso sólo tiene que leer el libro. Me miró y sonrió.
Justo después de los aplausos corrí al mostrador a comprar el libro. Busqué con ansiedad la historia del primer beso y la leí apresuradamente. Cuando acabé la volví a leer con más calma. Los cuentos de tres páginas se prestan a ello. Cerré el libro y me dirigí hacia el lugar de la presentación, que aún estaba abarrotado de gente, y esperé pacientemente a que se fueran dispersando. Cuando ya no quedaba casi nadie me acerqué a Eva que con una sonrisa en la boca me espetó dos besos y un ¿qué te ha parecido? Mi respuesta no fue acorde con la pregunta. Tu tampoco fuiste mi primer beso hija de puta.
Me he leído el resto del libro y, aunque me pese, debo decir que me ha gustado. A Eva no la he vuelto a ver más, pero estoy pensando en llamarla algún día aunque solo sea para preguntarle en qué número de su ranking de besos estoy.
martes, septiembre 08, 2009
Los lunes al sol
CC: lluisgerard.com
La gincana mañanera en que se ha convertido mi trayecto diario a la oficina por obra y gracia del buen alcalde Hereu, nunca llegará a Gallardón el pobre diablo, ha traído varios trastornos en mi vida cotidiano-laboral.
El primero es que el trayecto dura veinte minutos más que cuando no estaba todo roto. He intentado justificar ante mi jefe que mi incapacidad genética para madrugar hace imposible que llegue puntual, que reclame al buen alcalde Hereu, pero creo que no le ha convencido mucho mi argumentación.
El segundo es que, al tener que andar aproximadamente veinte minutos, frente a los dos minutos de cuando no estaba todo roto, llego a la oficina reventado y bañado en sudor. Entre la higienización de mi persona y la recuperación aeróbica hasta que consigo de nuevo un ritmo cardíaco tolerable, pasan otros veinte minutos. Ni que decir tiene que mi jefe tampoco ha entendido que un hombre necesita un descanso después de un esfuerzo físico prolongado. Pero ya estoy acostumbrado, mi novia tampoco lo entiende.
Finalmente, veinte minutos andando por la calle dan para muchas distracciones, y yo que soy de fácil distraer, pues me distraigo. La última y definitiva distracción que se ha colado en mi trayecto proviene de una pandilla de viejos mirando obras.
Iba yo andando rápido y con el corazón en la boca, ¿adivinan? llegaba tarde, cuando me topé con un viejo subido en una especie de pequeña tapia que utilizaba de atalaya para divisar mejor las obras que está perpetrando el buen alcalde Hereu en el metro. Conforme me iba acercando me di cuenta de que no sólo estaba el viejo de la atalaya. Pegados a la valla de la obra cuatro viejos más observaban con detenimiento el transcurso de las mismas. Hasta habían hecho pequeños agujeros en la valla para poder observar mejor. Me quedé mirando al grupo sin saber qué hacer, preguntándome qué gracia tenía pasarse la mañana observando a unos cuantos obreros acalorados trabajar a ritmo de tortuga. El viejo en jefe pareció leer mis pensamientos y reclamó mi atención con un tchis, tchis. Le miré y me señaló con la mirada un agujero libre en la valla. No era cuestión de desobedecer a un viejo subido a una tapia, así que mostrando el respeto debido a mis mayores me acerqué a mirar.
La verdad es que allí, mirando, viví un momento zen, mi mente se vació y los minutos pasaron como segundos, allí mirando los lentos movimientos de gentes llegadas de tierras lejanas. De pronto, el viejo que hacía tres contando desde la derecha, dijo “Ahora”. Noté que el resto se ponía en tensión. En la obra todo parecía seguir su curso normal pero, súbitamente, uno de los obreros empezó a gritar en un idioma indescifrable hacia donde se encontraba otro que hacía trece minutos que estaba sin hacer nada, como congelado. Los viejos se miraron y cada uno le dio una moneda de cincuenta céntimos al autor del ahora. Ante mi cara de confusión mal disimulada, el cabecilla me explicó que el que hacía tres contando desde la derecha había acertado el momento preciso en que le caía la bronca al vago de la obra. Había ganado el juego. Me invitaron a jugar con ellos en una obra tres calles más allá, donde un senegalés enorme solía meterle la bronca a un enclenque marroquí cada dos por tres. Acepté gustoso.
Mi jefe no ha entendido esta distracción, y ahora ya no tengo jefe. Cada mañana cojo un puñado de monedas de cincuenta céntimos y me voy con mis compañeros a mirar obras. Hasta estamos organizando una excursión a Madrid, que dicen que es el Las Vegas de este asunto.

